En este último capítulo
del Taller de la Filosofía se trata el aspecto comunicativo de la labor del escritor.
Me he detenido en la idea de la comunicación educativa, en la que se habla
sobre la dirección de tesis y el asesoramiento, ya que es este aspecto de la
comunicación entre mentor y aprendiz el que más me interesa. Comparto la visión
del profesor de Harvard que agradecía a sus alumnos por todo lo que había
aprendido de ellos. En mi experiencia de docente también me gusta comprobar que
efectivamente cada faceta de la vida es una oportunidad para aprender de los
demás, incluso cuando es uno el experto en la materia, siendo el profesor,
también entonces se puede aprender de los demás.
Nunca he hecho una tesis
doctoral, pero me imagino que los vínculos que se crean con el director o
directora de la tesis pueden acabar siendo muy estrechos. Se comparten muchas
horas de conversación “mano a mano” y es lógico que en ese contexto acabe uno
conversando sobre temas personales. La confianza es un aspecto que debe de ser
respetado y compartido, aunque a verces se rompe ese equilibrio y una de las
partes se puede sentir traicionada. Ese riesgo se corre siempre cuando una
persona se sincera con otra. Hay personas a las que les cuesta abrirse a los demás.
A veces se les califica de discretas, aunque muchas veces se trata simplemente de
secretismo provinciano y receloso. Lo he comprobado muchas veces en mi vida. En
mi trabajo como consultora de comercio internacional me ha tocado tratar
profesionalmente con muchas y muy variadas personas. Me he encontrado con gente
que teme mucho que se sepa aquello que hacen en su empresa por temor a que sus
ideas y proyectos lleguen a oidos del vecino. Creo que la mayor parte de las
ocasiones esos temores eran infundados. Creo que hay que perder el miedo a abrirse
a los demás, pese a que se corra el riesgo de sentirse de vez en cuando
traicionado.
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